Quiénes somos

La historia de Casa Vidaller empieza nada más terminar la guerra civil, cuando el matrimonio formado por Alejandro Vidaller y Dolores Pañart retornó a Bielsa tras el forzoso exilio en Francia, única opción para sobrevivir a La Bolsa de Bielsa. Rodeados por un casco urbano completamente arrasado por la guerra y en condiciones de extrema precariedad, en el solar que ocupó Casa Tixedor levantaron con sus propias manos lo que primero fue una chabola y poco a poco y tras mucho esfuerzo terminó siendo una casa que ocupó todo el solar cedido por la familia.

Trabajando muy duro durante muchos años de jornadas interminables, fueron poco a poco levantando el edificio que albergó varias viviendas para familias de trabajadores y militares. Con el paso del tiempo aquellos pisos se convirtieron en habitaciones que alojaban a cualquiera que estuviera de paso: viajantes, militares, obreros, políticos… y mucho tiempo después los primeros turistas. Estos ingresos se complementaron con lo que empezó siendo la venta de alpargatas que la propia familia fabricaba a mano y terminó siendo una tienda donde se podía encontrar “de todo”, literalmente.

Toda buena fonda que se precie debe ser también casa de comidas, y la Fonda Vidaller no era una excepción. Dolores era una cocinera excepcional, además de tener muy buena mano había aprendido de las reputadas cocineras de la Fonda Pirineos de Barbastro. Es incalculable la cantidad de comidas que han salido de aquella cocina económica de leña (cuya superficie se limpiaba cada día con arena), lo cierto es que tantos años después todavía hay gente que añora sus platos.

Varias décadas después el edificio mantiene sus elementos esenciales, como sus paredes de piedra o su original escalera de caracol, así como algunas curiosidades: la plancha metálica que está en el suelo de la recepción es la puerta de un tanque que servía para calentar la cocina tras hacer pasar por debajo el humo que salía de la cocina de leña. Casi todo lo demás ha sido renovado, los estándares de comfort actuales requieren nuevas distribuciones, instalaciones y materiales.

Dos generaciones después, el visitante que llega a Casa Vidaller encuentra lo mismo que se ha ofrecido desde hace más de 70 años: un trato cercano y familiar, un alojamiento acogedor y una cocina casera y esmerada. Arantza y Juano hacen lo posible para que cualquiera se sienta casi tan bien como en su propia casa.